El estudio del ballet como complemento cultural y físico, durante los años de mayor desarrollo del estudiante, es indiscutiblemente, muy provechoso siempre y cuando sea una enseñanza correcta y cuidadosa. Se vigila con cuidado a cada alumno para descubrir cualquier anomalía física congénita o debido a un defectuoso entrenamiento previo. Si la hay se reporta a los padres, recomendando se consulte a un ortopédico. Mientras tanto el maestro presta aún más cuidado al alumno ya que en
muchos casos el ballet puede corregir dichas anomalías.
Independientemente de cualquier tipo físico (alto, bajo, con tendencia a grueso o delgado), el ballet
debe llegar a todos los niños, enseñándoles la manera de perfeccionar su cuerpo, el cual tiene
grandes posibilidades de ser hermoso y ágil.
El ballet conecta a los niños con el mundo de las bellas artes, de lo contrario pudiera ser fácilmente
sustituido con cualquier tipo de gimnasia bien enseñada. La enorme ventaja de la instrucción correcta
del ballet es que enseña al niño desde cómo pararse y caminar, gobernar su cuerpo con seguridad, mejorar su porte, hasta como apreciar el arte en todas sus manifestaciones.
Es un gran desahogo espiritual para los niños bailar con movimientos amplios, vigorosos, hechos con toda la alegría y fuerza que el niño es capaz, y al tiempo con una música bella.
Por todo lo anterior podemos afirmar que el estudio del ballet proporciona al alumno un desarrollo integral. |